
Cuenta la antigua leyenda que un faraón y su esposa deseaban con ansias tener un hijo varón que llene el templo de alegría y juventud y que algún día cuando sea necesario, suceda a su padre en el reino. Para esto, el faraón y su esposa rezaron mucho tiempo e hicieron ofrenda a todos los dioses que se puedan imaginar, hasta que un día, tuvieron un hermoso varón.
Pero como se acostumbraba entonces, las siete Hators, acudieron al templo para elaborar una profesía sobre el pequeño y dijeron que este moriría muy joven a manos de un perro, una serpiente o un cocodrilo.

Entonces el rey envió al príncipe a un palacio alejado en el medio de un desierto, en el cual creció y se hizo hombre y sin que sus padres lo supieran, consiguió un perro el cual se volvió su amigo inseparable.
Después de un tiempo el príncipe escapo a una ciudad cercana en la que vivía una princesa encerrada en una torre ya que su padre creía que para que un pretendiente la merezca debería alcanzarla en la cima de la torre de un salto.
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