
Este extraordinario lugar se encuentra en el Desierto Blanco, entre el Oasis de Farafra y el Oasis de Bahariya.
No se trata concretamente de un monte, sino que es una inmensa roca en la que se puede ver por todos lados el brillo de muchísimos cristales de cuarzo y pirita. Y lo mejor para los turistas es que pueden encontrar en el suelo muchos fragmentos de cristal desprendidos que normalmente son llevados por los turistas a modo de recuerdo.

La majestuosidad y fama del lugar se debe a su forma natural que es una especie de arco, producto de la erosión de fuertes vientos y de la arena durante muchos años, lo que hace que los turistas imaginen que se trata de la entrada a un maravilloso castillo o a otro mundo.
Básicamente es una simple cueva de piedra caliza, pero con el paso de los años y el intensivo calor de Egipto, se formaron los cristales característicos del lugar, así como gran cantidad de estalactitas y estalagmitas.
La mayor cantidad de excursiones que recibe el lugar provienen del Oasis de Farafra que se encuentra a unos 90 kilómetros.
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