
Los análisis de ADN también comprobaron la presencia de tres genes vinculados al parásito Plasmodium falciparum, responsable del paludismo en cuatro momias estudiadas, entre ellas la de Tutankamón que le causó la muerte.

“Estos resultados permiten pensar que una circulación sanguínea insuficiente de los tejidos óseos, que debilitó o destruyó una parte de los huesos, combinada con paludismo, fue la causa más probable de la muerte de Tutankamón” escribe Zahi Hawass.
Además se descartó la hipótesis de que Tutankamón o cualquier otro miembro de la realeza de esa época sufrieran ginecomastia, que es el desarrollo de los senos entre los hombres, o de síndrome de Marfan (enfermedad genética). “Es improbable que Tutankamón o Akenatón tuvieran una apariencia extraña o afeminada”, estiman los autores.
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